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Olor a café

Escrito por Langhorne 12-12-2016 en Relatos. Comentarios (0)

Antes de despertarme, ya llega a mi nariz el aroma intenso, ligeramente amargo, del café. 

La abuela se ha levantado, como siempre, hace ya rato. Ha encendido la caldera, ha puesto el pucherete al fuego y solo cuando el olor del café empieza a invadir la pequeña casa, se levanta el abuelo y va a despertarnos con su "¡Mochuelos!" con el que nos saca de la cama cada día.  La abuela enreda en la cocina preparando el desayuno para todos. 

Yo me acurruco entre las mantas, hace mucho frío. Sé que en apenas unos minutos la abuela vendrá con mi ropa y me hará salir de la cama entre besos y pellizcos. El agua helada al lavarme la cara, cuchillos que atraviesan mi piel infantil. El olor del café lo impregna todo, aspiro hondo para atrapar su esencia dentro de mi nariz e intento aguantar lo más posible sin dejar salir el aire, hasta que no aguanto más y lo suelto con un gritito.

Ya en la cocina, me espera un tazón de leche a medias, y empieza el pulso con la abuela. Dice que soy muy pequeño para tomar café pero yo nunca he querido desayunar esos preparados dulzones de cacao. Acaba claudicando, como cada mañana, y añadiendo un buen chorro de café en mi tazón a través de esa manga de algodón que usa para colarlo. Sé que secretamente, la abuela se siente orgullosa de que haya heredado su pasión por este líquido oscuro, amargo, de penetrante fragancia. 

La rutina se repite cada día, durante años. Yo me iré haciendo mayor, cambiaré el café de la abuela por una de esas modernas máquinas, ¿quién tiene tiempo para preparar café de puchero cada mañana? 

Un día, la abuela se irá para siempre. Pero no del todo, el olor del café me la traerá de vuelta y volveré a ser un niño en su cocina, mientras cierro los ojos y aspiro hondo para dejar que el aroma y los recuerdos me atrapen.


Espera

Escrito por Langhorne 14-11-2016 en Relatos. Comentarios (0)

Un poco, solo un poco más. 

Ya sé que llevas toda la vida esperando: Esperando a que mi trabajo me deje más tiempo libre para estar juntos. Esperando a que alcance mis metas y tenga la vida que siempre he querido para compartirla contigo. Esperando a que todo sea perfecto para tener un hijo... Has esperado demasiado, soy consciente, pero es sólo un poco más lo que te pido. ¡Estoy tan cerca de tocar la luna con la punta de los dedos!

Ahora dices que te has cansado de esperar, me acusas de haberte robado la juventud mientras yo perseguía la utopía. Eres injusta, yo sólo quería lo mejor para los dos. Aún lo quiero. Pero la vida me pone tantas pruebas, tantas dificultades, y se supone que tú eres mi compañera, la que va a apoyarme y seguir a mi lado. La que cada noche me ha de recibir entre sus brazos amorosos. Pero me recibes con reproches. Me dices que estás cansada de esperar. Pero, vida mía, ¿qué importa esperar si lo que va a llegar es la vida que soñaste?

Así que, por favor, haz un último esfuerzo, ya casi estamos. Cierra la puerta, deja esa maleta. Espera.


Asfixia

Escrito por Langhorne 13-10-2016 en Relatos. Comentarios (0)

No puede hablar. Algo entre sus dientes se lo impide. Inmovilizado, sólo ve el techo que en algún momento fue blanco y hoy es de un tono sucio, amarillento. Alcanza a ver tambien algunos azulejos. Oye voces que cuchichean. Una figura avanza hacia él, casi sin mirarle. No sabe quien es, intuye que es una mujer vestida de blanco. El potente foco que está justo encima de su cabeza le impide ver los detalles. El resplandor es demasiado fuerte. 

“Ahora notarás un pinchazo” dice la figura a su lado. Y casi de inmediato, nota la aguja entrando en su brazo. No pasa nada más. 

Nota el sudor que empieza a empaparle. Es curioso, porque está semidesnudo y la sala parece fría. Pero él suda. Intenta calmar su respiración, que se ha acelerado al notar el pinchazo.  

Parece que las personas de la habitación se han olvidado de él, sujeto en esa camilla, casi desnudo, frágil, callado.

De repente, la figura vuelve a acercarse, le rocía la garganta con algo y vuelve a alejarse. Nota un sabor metálico, desagradable. Y, en pocos segundos, empieza a darse cuenta de que su garganta no responde. Intenta tragar saliva pero está paralizado. En un momento, llega el pánico: el aire parece no atravesar su tráquea para llegar a los pulmones. Intenta gritar, pero no sale nada de su garganta. Nada. Va a morir asfixiado, estupidamente sujeto a una camilla. Su corazón se acelera. Puede notar los fuertes y rápidos latidos. “¡Que alguien me ayude!” grita, pero no sale ningún sonido. Nota como sus ojos se van cerrando, intenta resistirse, no quiere que todo acabe, esto no puede estar pasando. Pero está perdiendo el conocimiento, la luz del foco empieza a desvanecerse mientras adivina que la mujer vuelve a acercarse. Un último pensamiento le invade: va a morir. El miedo, frío e inmenso, se ha apoderado de él cuando pierde la consciencia.