Blog de Langhorne

Asfixia

No puede hablar. Algo entre sus dientes se lo impide. Inmovilizado, sólo ve el techo que en algún momento fue blanco y hoy es de un tono sucio, amarillento. Alcanza a ver tambien algunos azulejos. Oye voces que cuchichean. Una figura avanza hacia él, casi sin mirarle. No sabe quien es, intuye que es una mujer vestida de blanco. El potente foco que está justo encima de su cabeza le impide ver los detalles. El resplandor es demasiado fuerte. 

“Ahora notarás un pinchazo” dice la figura a su lado. Y casi de inmediato, nota la aguja entrando en su brazo. No pasa nada más. 

Nota el sudor que empieza a empaparle. Es curioso, porque está semidesnudo y la sala parece fría. Pero él suda. Intenta calmar su respiración, que se ha acelerado al notar el pinchazo.  

Parece que las personas de la habitación se han olvidado de él, sujeto en esa camilla, casi desnudo, frágil, callado.

De repente, la figura vuelve a acercarse, le rocía la garganta con algo y vuelve a alejarse. Nota un sabor metálico, desagradable. Y, en pocos segundos, empieza a darse cuenta de que su garganta no responde. Intenta tragar saliva pero está paralizado. En un momento, llega el pánico: el aire parece no atravesar su tráquea para llegar a los pulmones. Intenta gritar, pero no sale nada de su garganta. Nada. Va a morir asfixiado, estupidamente sujeto a una camilla. Su corazón se acelera. Puede notar los fuertes y rápidos latidos. “¡Que alguien me ayude!” grita, pero no sale ningún sonido. Nota como sus ojos se van cerrando, intenta resistirse, no quiere que todo acabe, esto no puede estar pasando. Pero está perdiendo el conocimiento, la luz del foco empieza a desvanecerse mientras adivina que la mujer vuelve a acercarse. Un último pensamiento le invade: va a morir. El miedo, frío e inmenso, se ha apoderado de él cuando pierde la consciencia.



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